Gobernanza responsable y universidad: la ética a través del currículo como arquitectura institucional
Basado en el artículo de investigación “Ética a través del currículo: experiencias y recomendaciones desde una universidad latinoamericana”. María Eugenia Barroso. Marzo 2026.
En un contexto global marcado por la aceleración tecnológica, la expansión de la inteligencia artificial, la erosión de la confianza pública y prácticas corruptas, la ética ha dejado de ser marginal en la educación superior para convertirse en una cuestión de gobernanza. En este marco, el artículo “Ética a través del currículo: experiencias y recomendaciones desde una universidad latinoamericana”, resultado del primer proyecto de investigación del Centro de Competencia de Globethics, presenta un modelo de gobernanza ética universitaria.
La experiencia de la Universidad de los Andes, en Colombia, demuestra que la ética puede dejar de ser una asignatura aislada para convertirse en una infraestructura institucional transversal. Ese es su principal aporte. A través de más de diez años de implementación mediante su Centro de Ética Aplicada, esta universidad ha desarrollado el modelo “Ética a través del currículo” (EAC), que propone integrar la reflexión ética en todas las disciplinas.
A diferencia del enfoque tradicional, en el que la ética aparece como una materia final o como un requisito formal para la graduación, el modelo EAC busca que impregne todo el proceso formativo. Para ello, se apoya en herramientas concretas: formación docente, cursos con objetivos éticos explícitos, comunidades de práctica, así como monitoreo y evaluación institucional. Bajo esta lógica, la ética deja de ser un discurso normativo y se convierte en una arquitectura organizacional.
Este cambio de paradigma es fundamental. La gobernanza responsable no se construye sobre declaraciones abstractas, sino sobre mecanismos institucionales capaces de sostener los valores en la práctica. En este sentido, el artículo subraya uno de los riesgos para las universidades: la incoherencia entre los valores que se proclaman y las prácticas que efectivamente se sostienen. No basta con enseñar ética; es indispensable practicarla institucionalmente.
Los autores identifican varios desafíos estructurales que condicionan la formación ética: la lógica del rendimiento y la competencia, la presión por maximizar resultados académicos, los incentivos económicos que priorizan la productividad y una cultura meritocrática desvinculada de la ética del cuidado. La ética difícilmente puede florecer en instituciones cuyos incentivos contradicen los principios que afirman defender. Por eso, una universidad que aspire a formar ciudadanos éticos debe revisar sus políticas de evaluación, sus incentivos docentes, sus sistemas de reconocimiento y sus métricas de éxito. Desde esta perspectiva, el modelo EAC no es solo pedagógico, sino también político.
El artículo propone una idea potente: la universidad puede entenderse como una micro sociedad en la que se articulan el Estado, el mercado y la sociedad civil. Como espacio de formación de futuros gobernantes, empresarios, ingenieros y decisores públicos, la universidad tiene la responsabilidad de promover lo que los autores llaman “empoderamiento ético”: la capacidad de deliberar críticamente y asumir responsabilidad por las consecuencias de las propias decisiones.
Otro de los aportes centrales del modelo es su énfasis en la sostenibilidad. Los autores destacan la necesidad de políticas institucionales claras, asignación de recursos, formación continua, monitoreo y evaluación. En otras palabras, plantean un proceso de institucionalización que permita pasar de la voluntad individual a la estructura organizacional. Así, la ética deja de ser un proyecto temporal para convertirse en política institucional.
Resulta especialmente significativo que esta propuesta emerja de una universidad latinoamericana. En una región atravesada por desigualdades estructurales, crisis de confianza institucional y déficits de gobernanza democrática, un modelo que vincula formación ética con responsabilidad institucional adquiere una relevancia transformadora. La gobernanza responsable comienza en las aulas, pero solo se consolida cuando la institución vive los valores que enseña. Ese es el desafío, y también una oportunidad para la educación superior del siglo XXI.
Los invito a leer el artículo completo aquí.